Poder geopolítico de la FIFA: más allá del fútbol

Poder geopolítico

211 asociaciones frente a los 193 Estados de la ONU: la FIFA ejerce un poder geopolítico que redefine el riesgo institucional para gobiernos, empresas y organismos internacionales


Oficina de Prensa


La FIFA reúne 211 asociaciones parte, dieciocho más que los 193 Estados de la ONU. La cifra no mide poder por sí sola, pero anticipa algo más relevante. La organización opera con una lógica de reconocimiento, negociación y sanción que la aproxima a un actor de relaciones internacionales y poder global, no solo a un administrador de un deporte.

El poder geopolítico de la FIFA quedó a la vista en el Mundial 2026. Curazao debutó ante Alemania el 14 de junio y se convirtió en la nación más pequeña en disputar una Copa del Mundo. El hito confirma la flexibilidad de esa arquitectura de afiliación. Entender el origen del poder de la FIFA es indispensable para gobiernos, empresas patrocinadoras y organismos multilaterales.

¿Qué cambió con la edición 2026?

La FIFA admite miembros bajo criterios propios. El artículo 10 de sus estatutos fija dos condiciones. Pertenecer antes a una de las seis confederaciones continentales y ser aprobado por mayoría del Congreso, sin exigir estatalidad plena. Ese diseño permitió la incorporación de Kosovo y Gibraltar en 2016. Por su parte, el Tribunal de Arbitraje Deportivo determinó que las normas de la Unión de Federaciones Europeas de Fútbol (UEFA) no exigen membresía en la ONU. También permitió la de Palestina y la de las Islas Feroe. Curazao, territorio autónomo neerlandés, confirma ahora esa misma flexibilidad.

La FIFA acumula poder geopolítico y capacidad de negociación regulatoria

La membresía amplia es la base de ese poder, no su fuente principal. La fuente real es económica y mediática. El ciclo 2019-2022, cerrado con el Mundial de Catar, generó 7.568 millones de dólares en ingresos. El torneo alcanzó a seis de cada diez habitantes del planeta. Ese alcance convierte a la FIFA en una contraparte capaz de imponer, como requisito de sede, exenciones tributarias, garantías gubernamentales, zonas de exclusividad comercial y protección reforzada de propiedad intelectual. Catar, Brasil, Rusia y Sudáfrica aceptaron modificaciones legales o exenciones fiscales específicas para cumplir esos requisitos. ¿Puede y tiene la fuerza un organismo multilateral tradicional para exigir cambios normativos domésticos como condición de participación en su actividad central?

Qué implica el poder geopolítico de la FIFA para gobiernos, empresas y organismos multilaterales

En el plano regulatorio, los gobiernos que aspiran a sedes de megaeventos negocian con una entidad privada que impone condiciones similares a un tratado, sin la simetría de una negociación interestatal. El acuerdo de sede traslada el reglamento comercial de la FIFA al ordenamiento jurídico del anfitrión.

En el plano reputacional, las marcas patrocinadoras quedan asociadas a decisiones de la FIFA sobre sede y gobernanza. Tienen escasa influencia sobre esas decisiones, que pueden generar controversia pública sin que el patrocinador haya participado en ella.

En el plano político, la FIFA demostró una capacidad de sanción que pocos organismos multilaterales igualan en velocidad. La suspensión de Rusia tras la invasión de Ucrania en 2022, decidida días después, lo confirmó. La FIFA puede excluir a un Estado de la escena deportiva global con mayor rapidez que buena parte del sistema de sanciones interestatales.

En el plano internacional, organismos multilaterales y agencias de derechos humanos enfrentan un vacío de rendición de cuentas. Deben monitorear a la FIFA como un actor con impacto regulatorio y social sobre lo que es: un órgano supranacional más fuerte que los estados y cientos de organizaciones existentes. Sin embargo, carece de los instrumentos de supervisión propios del derecho internacional público o equivalentes.

Riesgos y oportunidades del poder geopolítico de la FIFA

Ese mismo poder genera un riesgo reputacional creciente para la FIFA. En 2015, el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó a catorce dirigentes y ejecutivos del fútbol, en un escándalo de corrupción por asociación ilícita y soborno que derivó en la renuncia de Joseph Blatter como presidente. La FIFA aprobó después reformas de gobernanza (límites de mandato, separación de funciones, comités independientes) que muestran señales de reversión desde 2022 y erosionan su legitimidad institucional.

Los billetes sobrevuelan sobre Joseph Blatter.

Via Atlántico.net

Sus megaeventos funcionan también como despliegue de softpower para países anfitriones. El fenómeno, sin embargo, puede derivar en un desempoderamiento suave. Ocurre cuando la proyección de imagen choca con el escrutinio internacional sobre derechos humanos, como sucedió con Catar 2022. La oportunidad consiste en anticipar ambas caras del fenómeno, para que sus decisiones no afecten por sorpresa la operación, la marca o la exposición regulatoria de la organización.

Escenarios del poder geopolítico de la FIFA hacia 2030 y 2034

En un escenario base, la FIFA seguirá expandiendo su alcance comercial, sin que emerja un contrapeso regulatorio externo efectivo. En un escenario favorable, la presión de patrocinadores, gobiernos y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) podría forzar mecanismos de supervisión más robustos. La sede de Arabia Saudita para 2034 fue confirmada en diciembre de 2024 tras un proceso con un único candidato. En un escenario restrictivo, ese hecho podría intensificar el escrutinio sobre la gobernanza de la FIFA. Ese efecto reputacional alcanzaría también al Mundial de 2030. Conviene monitorear tres señales. Nuevas admisiones de territorios sin estatalidad plena, decisiones de sede posteriores a 2034 y la evolución de la supervisión ética.

Hosts de las ediciones 2030 y 2034 de la FIFA World Cup™

Via FIFA

Greystone: anticipar el poder antes de que se manifieste

La FIFA ejemplifica una categoría de actor cada vez más relevante para la gestión de riesgo institucional. Se trata de organizaciones no estatales con capacidad de negociación regulatoria, alcance económico global y proyección diplomática de facto y de iure. Comprender estas dinámicas, dónde se origina su poder, cómo se ejerce y qué señales anticipan su evolución es el terreno en el que Greystone acompaña a organizaciones públicas y privadas de América Latina y el Caribe.

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