Ochenta años de la Organización de las Naciones Unidas: ocho logros, ocho fracasos y ocho retos

El balance de logros y fracasos de las Naciones Unidas tras ocho décadas muestra que la legitimidad del multilateralismo depende de la reforma del Consejo de Seguridad


Juan Camilo Herrera Prieto, P.h. D.

23 de octubre de 2026


El 24 de octubre de 1945 marcó el límite temporal de uno de los hechos más violentos de los que la especie humana moderna haya sido capaz de experimentar: dos guerras mundiales en apenas tres décadas. La comunidad internacional comprendió y sigue tratando de aplacar el instinto de la ley del más fuerte a cambio de la canalización de esa fuerza en mecanismos e institucionalidad enfocada en garantizar la seguridad colectiva, la cooperación y el respeto por la dignidad humana, así como de la naturaleza como un todo. Surgió así la ONU, se ha mantenido así la ONU, como el único espacio de encuentro planetario para que las naciones ventilen y procuren dirimir sus diferencias a través de la palabra y no de las armas.

Al cerrar el siglo XX, 65 años después, parecía posible que el panorama internacional se organizara en grandes bloques supranacionales, al estilo de la Unión Europea. Sin embargo, ese pronóstico y aspiración técnica no se cumplió: el bilateralismo y el multilateralismo son la forma dominante de la praxis internacional. A pesar de ello, 25 años después la ONU ha mantenido un rol esencial como foro universal de aglomeración y como catalizador de normas, valores y aspiraciones compartidas y del cual se cumplen 80 años en medio de una crisis ampliamente cubierta en las últimas semanas.

Con todo, lo bueno, lo malo, lo regular y lo deseable, su vigencia en estos tiempos es esencial para no desfallecer en las aspiraciones de una existencia a la altura de los desafíos de la humanidad y de una relación equilibrada con el resto de los animales y el ambiente.

Ocho logros de las Naciones Unidas

1. En materia de paz. El más obvio, pero no por ello menor, es que han pasado 80 años y no se ha llegado a la tercera guerra mundial. Eso de por sí, ya permite afirmar que su hecho generador y causa de creación ha cumplido su cometido. A lo largo de estas ocho décadas, los cascos azules han sido desplegados en más de 60 operaciones de mantenimiento de la paz en todos los continentes.

2. Descolonización. La ONU ha promovido procesos de descolonización y la incorporación de nuevos Estados miembros  a la organización. Tal y como se presenta en su portal web, ha impulsado la descolonización de más de 80 antiguas colonias, por lo que hoy quedan pocos territorios no autónomos, lo que constituye un gran logro histórico, difícil de alcanzar sin su institucionalidad.

3. La declaración universal de los derechos humanos.  Adoptada por la Asamblea General el 10 de diciembre de 1948, ha inspirado más de setenta tratados internacionales y es la matriz del derecho internacional de los derechos humanos. En otras palabras, los estándares que nos mantienen humanos.

4. Tratados y convenciones internacionales. El trabajo normativo de la ONU ha sido decisivo en la creación de un entramado de tratados internacionales que regulan ámbitos centrales de la convivencia global. Desde el Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares (1968), hasta la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (1951), pasando por los Convenios de Ginebra y sus protocolos adicionales y la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados (1969). Estos y otros instrumentos no solo han fijado estándares universales, sino que han permitido que el derecho internacional contemporáneo tenga un soporte normativo común.

5. Coordinación humanitaria y agencias especializadas.
Agencias como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han salvado millones de vidas mediante la atención a refugiados, la distribución de alimentos, la protección de la niñez y la respuesta sanitaria global. Estas entidades han materializado en acciones concretas el mandato humanitario de la ONU y debería seguir siendo así.

6. Corte Internacional de Justicia. Creada en 1945 como órgano judicial principal de la ONU, la CIJ ha contribuido a consolidar el derecho internacional público al resolver disputas territoriales, marítimas y sobre la explotación de la naturaleza. Su autoridad jurídica, ha llevado a la confrontación argumentativa de la normativa internacional a cambio de la histórica confrontación bélica.

7. Foro universal de diálogo. La Asamblea General de la ONU reúne en la actualidad cuenta con 193 Estados en condiciones de igualdad formal, un hecho inédito en la historia de las relaciones internacionales. Este foro universal garantiza la visibilidad de todas las naciones, grandes y pequeñas, y preserva la posibilidad de construir consensos en torno a los principales desafíos de la humanidad. Es la única mesa en la que hay cabida para la gran mayoría de las Naciones del mundo.

8. Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).  De la mano del logro anterior, la Agenda 2030 con sus diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible constituyó el marco más ambicioso de cooperación internacional en materia de pobreza, equidad, medio ambiente y paz. Su importancia radica en que ha servido de brújula y metas claras para con los compromisos globales. Lo que antes eran esfuerzos fragmentados, ha permitido que los Estados midan sus progresos con indicadores comunes y rindan cuentas en un plano multilateral. Después del 2030 deberá ser remplazado por uno similar, para precisamente saber hacia dónde ir y qué hacer.

ODS
Juan Camilo Herrera Prieto, P.h.D. vía Agenda Estado de Derecho

Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)

Los ochenta años de las Naciones Unidas dejan un balance significativo de aportes a la paz, la justicia y la cooperación internacional. Desde la prevención de una tercera guerra mundial hasta la construcción de un entramado jurídico global y humanitario sin precedentes, sus logros han marcado hitos que difícilmente podrían haberse alcanzado sin su existencia y sin su institucionalidad. No obstante, reconocer estos avances también obliga a examinar con rigor los fracasos y limitaciones que han acompañado a la organización, ya que solo a partir de ese contraste es posible proyectar los retos que definirán su relevancia y vigencia en las próximas décadas.

Ocho fracasos de las Naciones Unidas

1. Incapacidad de prevenir genocidios. A pesar de su mandato fundacional, la ONU ha sido deficiente en detener atrocidades masivas como el genocidio en Ruanda en 1994 o la masacre de Srebrenica en 1995. Estos episodios mostraron las limitaciones de sus mecanismos de alerta temprana y la falta de decisión política en el Consejo de Seguridad para actuar a tiempo.

2. El veto en el Consejo de Seguridad. La prerrogativa de las cinco potencias permanentes ha bloqueado durante décadas resoluciones clave, paralizando la acción colectiva en conflictos como Siria, Palestina o Ucrania. El veto, concebido como salvaguarda del consenso, ha derivado en un obstáculo recurrente para la eficacia del sistema y urge una reforma al respecto.

3. La guerra de Irak (2003). La intervención militar liderada por Estados Unidos y sus aliados se realizó sin una autorización clara del Consejo de Seguridad, marginando a la ONU en una de las crisis más relevantes del inicio del siglo XXI. Este hecho, al inicio del siglo XXI afectó gravemente su autoridad como foro principal de legitimidad internacional.

4. Conflictos prolongados sin solución. La ONU no ha logrado encauzar una salida estable en disputas históricas como Palestina-Israel, el conflicto del Sahara Occidental o la guerra civil en Siria. La prolongación de estos escenarios erosiona su credibilidad como mediador imparcial.

5. Fracaso en la reforma del Consejo de Seguridad. A pesar de múltiples intentos y comisiones de estudio, la estructura de 1945 se mantiene para enfrentar los desafíos de una sociedad distinta a la de esa época. La ausencia de países emergentes y regiones enteras como África y América Latina en la categoría de miembros permanentes refleja un déficit de legitimidad.

6. Persistencia de las armas nucleares. Pese a tratados como el TNP y décadas de negociaciones, las potencias nucleares no han cumplido plenamente sus compromisos de desarme. El riesgo de proliferación continúa siendo una amenaza existencial que la ONU no ha podido erradicar.

7. Débil cumplimiento de sus resoluciones. Muchas decisiones de la Asamblea General y del propio Consejo de Seguridad se quedan en declaraciones sin fuerza práctica, lo que revela la brecha entre la legalidad internacional proclamada en el papel y la voluntad real en la praxis internacional de los Estados.

8. Burocracia y crisis de legitimidad. La ONU ha sido criticada por la complejidad de su aparato institucional, los altos costos de operación y la distancia entre su discurso universal y la percepción ciudadana. Esta burocratización ha alimentado dudas sobre su eficiencia y pertinencia en el siglo XXI.

Gasto militar
Juan Camilo Herrera Prieto, P.h.D. vía Agenda Estado de Derecho

Gasto militar diario a nivel mundial

Los fracasos de la ONU son fracasos de la humanidad y de su relación con las cosas y la naturaleza. A pesar de su rol histórico, la organización arrastra déficits estructurales del diseño mismo de una organización creada para enfrentar el contexto de la primera mitad del siglo XX. La crisis actual es de la incapacidad de ejecutar sus propios mandatos, una implosión en proceso que requiere acciones inmediatas. Esta tensión entre logros y carencias obliga a pensar en los grandes desafíos del futuro, donde la reforma institucional, la adaptación a nuevas amenazas y la recuperación de legitimidad serán determinantes para que la ONU conserve vigencia en el siglo XXI. Para llegar a ese objetivo, a continuación, las principales líneas de acción para superar la crisis.

Ocho desafíos de las Naciones Unidas

1. Reforma del Consejo de Seguridad. La necesidad de reformar su estructura es el desafío más urgente. Ampliar la representación, incorporar regiones subrepresentadas como África y América Latina y limitar a excepciones estrictas el uso del veto son condiciones básicas para que el Consejo recupere legitimidad y eficacia frente a las crisis del siglo XXI.

2. Acción climática efectiva. El cambio climático por razones geológicas y de la acción humana constituye la mayor amenaza contra el planeta. La ONU deberá garantizar que los compromisos asumidos con la Convención Marco y el Acuerdo de París se traduzcan en acciones vinculantes y verificables, superando la lógica de declaraciones sin consecuencias reales. Sin la naturaleza en equilibrio, no hay futuro para nadie ni para nada.

3. Regulación de nuevas tecnologías. La inteligencia artificial, la biotecnología y el ciberespacio plantean dilemas éticos y de seguridad global. La ONU está llamada a promover un marco normativo internacional que evite que las innovaciones se conviertan en instrumentos de desigualdad o dominación.

4. Gestión de migraciones masivas. Las crisis humanitarias derivadas de guerras, acciones de la naturaleza o la pobreza extrema ponen a millones en movimiento. La ONU debe articular mecanismos que equilibren soberanía estatal y solidaridad global, fortaleciendo el Pacto Mundial para la Migración de 2018 y la protección internacional de refugiados.

5. Prevención de pandemias. El COVID-19 reveló debilidades profundas en la coordinación sanitaria internacional y la inequidad global en la producción de vacunas. Fortalecer la Organización Mundial de la Salud, dotarla de independencia y garantizar cooperación global en acceso a vacunas y sistemas de alerta temprana es indispensable para evitar futuras catástrofes.

6. Financiamiento sostenible. La ONU depende en exceso de las contribuciones voluntarias y condicionadas de pocos Estados. El desafío es diseñar un sistema de financiamiento previsible, equitativo y autónomo, que le permita actuar con independencia política y eficacia operativa.

7. Recuperación de legitimidad ciudadana. Más allá de los Estados, la ONU debe acercarse a las sociedades, fortaleciendo los mecanismos de participación de la sociedad civil, aumentando la transparencia y mostrando resultados tangibles en la vida de las personas. Solo así podrá contrarrestar la percepción de burocracia distante e ineficaz.

8. Articulación con bloques regionales. El multilateralismo del futuro debe ser policéntrico. La ONU debe reconocer y coordinar con organizaciones regionales como la Unión Africana, Mercosur, Comunidad Andina, la ASEAN o la Unión Europea, generando sinergias en lugar de competir por legitimidad y relevancia. A su vez, la obligación de las regiones es crear organizaciones robustas y al margen de liderazgos personalistas.

Mural por la paz
Juan Camilo Herrera Prieto, P.h.D. vía Agenda Estado de Derecho

Mural por la paz, una obra del artista noruego Per Krohg pintada en 1952

Ochenta años después de su fundación, la ONU sigue siendo el espejo de nuestras grandezas y miserias colectivas: ha evitado una tercera guerra mundial, ha inspirado tratados y salvado millones de vidas, pero también ha fallado en detener genocidios, reformarse y cumplir sus propias resoluciones. En la actualidad, la ONU enfrenta el riesgo de ser recordada más por su retórica que por su eficacia. Sin embargo, renunciar a la ONU sería retroceder un siglo en gobernanza internacional. La tarea urgente no es enterrarla, sino refundarla: abrir paso a un multilateralismo más democrático, policéntrico y de la ciudadanía “desde abajo”, donde la protección del planeta y la dignidad humana sean el eje. La ONU solo sobrevivirá si se atreve a reinventarse, y su vigencia dependerá de que sepamos transformarla a la altura de las conquistas de la humanidad.

Nota editorial: Este artículo fue publicado originalmente por Juan Camilo Herrera, Ph.D., codirector de Greystone Consulting Group Latinoamérica, en Agenda Estado de Derecho el 15 de octubre de 2025, con motivo de los 80 años de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Lo compartimos hoy, un día antes del Día de las Naciones Unidas, para resaltar los desafíos que continúa enfrentando el multilateralismo hoy en día.

Greystone: leer el multilateralismo para anticipar sus efectos en América Latina

Los debates sobre la reforma de las Naciones Unidas, el uso del veto en el Consejo de Seguridad y el papel de los bloques regionales tienen consecuencias concretas para gobiernos, empresas y organizaciones de la región. De ellos dependen la estabilidad de los marcos normativos internacionales, la cooperación y los compromisos que los Estados asumen ante el sistema multilateral. Por ello, Greystone Consulting Group Latinoamérica sigue de cerca la evolución del derecho internacional y de la integración regional. Para ese seguimiento, la firma cuenta con una red de más de 100 expertos en derecho, asuntos regulatorios, política regional y derechos humanos. Así, las organizaciones pueden comprender a tiempo cómo los cambios en la gobernanza global se traducen en riesgos y oportunidades en los países donde operan.

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